Educación Ciudadana y Medios
de Comunicación
por
Vicente Romano
(Universidade de Sevilha - vromano@nodo50.org)
I
Los estudiosos de la comunicación han
resaltado siempre el aspecto educativo de los medios. Las diferentes
teorías que han abordado estos estudios han atribuido una
función formativa a la prensa, la radio, el cine, la
televisión, etc. Así, por ejemplo, las escuelas
clásicas de Estados Unidos hablan de transmisión
de la herencia cultural (H. Lasswell) o de aplicación de las
normas sociales (P. Lazarsfeld y R. K. Merton). En Europa, los
teóricos representantes de los sistemas autoritarios del
primer tercio del siglo XX le asignan a los medios una tarea de
formación y educación política, de
adoctrinamiento en los valores jerárquicos de aquellos
sistemas, como, por ejemplo, E. Dovifat en Alemania.
El
holandés H. Prakke y la escuela de Münster, por su
parte, prefieren hablar de orientación social y de
socialización de los ciudadanos a través de los
medios.
Entendida como interacción humana, la
comunicación es el proceso y el resultado de la
relación, mediada por el intercambio de informaciones,
conocimientos y sentimientos, entre individuos, sus grupos y
organizaciones sociales, instituciones, etc.
Por un lado, se trata del proceso de comprensión entre
individuos y grupos sociales, proceso que se desenvuelve con el
objetivo de facilitar la actividad social y transformadora del ser
humano. A través de esta actividad contribuye a la
creación, estabilización y
modificación de las relaciones y condiciones sociales. El
objetivo final de la comunicación es la
comprensión de los seres humanos para la
cooperación en el conocimiento, empleo y/o
modificación de la naturaleza, a fin de garantizar su
existencia y su desarrollo físico y espiritual.
Toda comunicación se basa en la correspondencia de
estructuras cognitivas. Pues, como sostiene V. Gordon Childe, "para
comprender un mensaje no sólo hace falta estar familiarizado
con los significados convencionales de los símbolos
empleados para expresar dicho mensaje, sino también conocer,
es decir, tener en la mente una representación ideal del
mundo al cual se aplican"1
De aquí se desprende que el conocimiento debe ser
comunicable, es decir, público y útil, "capaz de
traducirse en acción satisfactoria".
De ahí que
Childe afirme que "el término conocimiento
debería reservarse exclusivamente para las informaciones que
son comunicables."2 Este cometido educativo subyace asimismo en la
definición que da la UNESCO de información:
"Acopiar, almacenar , someter a tratamiento y difundir las noticias,
datos, opiniones, comentarios y mensajes necesarios para entender de un
modo inteligente las situaciones individuales, colectivas, nacionales e
internacionales y para estar en condiciones de tomar las medidas
pertinentes".3 Concepción ésta perfectamente
equiparable a la de la escuela. De ahí que algunos, como M.
McLuhan, califiquen a la escuela de "aula sin muros".4 Si se tiene en
cuenta que entre un 65% y un 68% de los conocimientos de los
jóvenes proviene de los medios de comunicación,
en particular de los audiovisuales, la metáfora del critico
canadiense tiene cierto sentido. Por un lado, estos medios se han
convertido en una institución del saber. Por otro, se ha
alterado significativamente el lugar del saber y del conocimiento en
las sociedades tecnológicamente desarrolladas.
La
extensión de los espacios de aprendizaje ha conmocionado las
propias instituciones clásicas del saber: hogar, escuela,
plaza pública, universidad, etc. Las instituciones que se
legitimaron históricamente como lugares reconocidos de
formaciòn pierden su rango, se relativizan.5 En la sociedad
de las TIC (Tecnologías de la Información y la
Comunicación) lo predominante es la visibilidad
mediática y la presentación frente a la
argumentación y la reflexión. El conocimiento
entra a formar paerte de la acelerada circulación que
caracteriza la revolución electrónica.
Pero la educación no sólo consiste en transmitir
los conocimientos acumulados, sino también en
enseñar a actuar de un modo racional y solidario, de
conformidad con la naturaleza humana. Gracias a su capacidad para
comunicarse y desarrollar los medios de comunicación, el ser
humano puede compensar sus carencias, orientarse en su entorno y
satisfacer sus necesidades materiales y espirituales.
II
Ahora bien, las orientaciones dependen de las
comunicaciones que se reciban, las cuales vienen determinadas, a su
vez, por los medios que las transportan. El desarrollo
tecnológico de la industria eléctrica a lo largo
de los últimos cien años ha llevado a la
disponibilidad de las informaciones en cualquier parte del mundo. De
ahí que se le dé también a esta
sociedad de hiperabundancia de informaciones y de
tecnologías para su producción y
distribución el nombre de "sociedad de la
información", "del conocimiento", "de medios", etc.
Pero esto no significa que cada ciudadano esté informado en
el sentido de la UNESCO indicado más arriba, esto es, en el
de disponer de conocimientos necesarios para actuar de forma
inteligente sobre su entorno, a saber, la sociedad en que se
desenvuelve.
El concepto de "sociedad de la
información"
tiene que ver, más bien, con la aplicación de la
electrónica a la solución de problemas complejos,
siempre que se disponga de la maquinaria correspondiente y se hayan
aprendido los necesarios sistemas de signos. Aquí interesa,
sin embargo, el tipo de conocimiento y de valores que transmiten los
medios, así como sus consecuencias para la
educación de la ciudadanía.
III
Uno de los rasgos distintivos de la
producción actual de información es que, a
diferencia de la escuela pública, se efectúa a
través de los denominados medios de masas. Lo que, en
realidad, significa producción masiva, esto es, elaborada
con criterios similares a los de cualquier otra industria:
simplificación, reducción, uniformidad,
generalización, comercialización. Si se echa un
vistazo al consumo actual de medios se verá que los medios
de comunicación de masas por excelencia no son los escritos,
sino los audiovisuales: radio, TV, vídeo, cine, Internet,
que duplica ya en audiencia al cine, etc.6
Con la desregulación emprendida en la década de
1990 y la consiguiente privatización, el principio rector de
los medios y sus contenidos es el de la comercialización, el
valor de cambio, la rentabilidad financiera, y no el valor de uso, la
rentabilidad social, el aumento de la calidad de vida.
Entre las
consecuencias de esta comercialización para el conocimiento
y la educación ciudadana están la
generalización de un solo sistema de valores, la uniformidad
de la conciencia y del lenguaje de los medios, eso que se suele
denominar con el término de "pensamiento único."
Pero la realidad, incluida la cultural, es compleja y
múltiple. Y la uniformidad de este pensamiento
único, mágico, por pretender dar unidad a lo que
no la tiene, no oculta toda una serie de contradicciones que los medios
callan, aunque los seres humanos tienen la tarea de superarlas.
Así, por ejemplo, las contradicciones entre cantidad y
calidad, multiplicidad y diversidad, lo público y lo
privado, los intereses generales y los particulares, las necesidades
colectivas y las individuales, la uniformidad y el pluralismo, la
identidad cultural y la alienación, la opinión
pública y la opinión publicada, la
participación democrática y el control
autoritario, en suma, entre desarrollo tecnológico y
progreso social.
Con decenas de canales y dos tercios de los telespectadores zapeando
cada tres minutos, el conocimiento ya no es posible, al menos tal como
se ha entendido hasta ahora.
El conocimiento requiere tiempo para
clasificar, valorar, contrastar, reflexionar, sacar conclusiones. Las
investigaciones recientes indican que las personas sobrecargadas de
impulsos perceptivos no sólo cambian su imagen del mundo
sino también sus emociones. La multiplicidad y la postulada
diversidad pueden incluso imposibilitar la comunicación, si
por tal se entiende el diálogo enriquecedor, el intercambio
de ideas y sentimientos, etc. Durante dos terceras partes del tiempo de
emisión sólo está una persona ante la
pantalla, y hasta los niños se van a su cuarto para ver
solos su programa favorito. La multiplicidad conduce al aislamiento y a
la pérdida de comunicación personal. Desaparecen
así las oportunidades y la capacidad de diálogo
social, premisa para la actuación política. Se
menoscaba así el objeto y el sujeto de toda
comunicación social: el ciudadano y la ciudadana.
IV
Entre las paradojas de nuestra época
está la de que, por un lado, los seres humanos se ven
inundados por un flujo de imágenes ante el que sucumben si,
por miedo a no poder participar luego en las conversaciones, no tienen
valor para apagar el televisor. Mientras que, por otro lado, la
sociedad moderna, con sus complejas estructuras políticas y
tecnológicas, exige de sus funcionarios y autores grados
cada vez mayores de abstracción.
De estas tendencias contradictorias se deriva un doble
peligro:
1) Se
distingue ya con claridad un "analfabetismo práctico"
(funcional), pues la lectura de amplias capas de la
población se limita a las tiras de historietas, tebeos,
periódicos ilustrados y deportes. A este respecto conviene
recordar la definición que da la UNESCO de analfabeto; la de
aquella persona que lee un único periódico y no
termina de entender el mundo.
2) La necesidad de emplear un lenguaje que resulta
inasequible,
impenetrable, por la profusión de señales.
Piénsese en las señales de tráfico, de
los aeropuertos, de los edificios y organismos públicos,
etc. Mientras los mayores tienen dificultades con las
señales, los jóvenes parecen tenerlas con la
expresión lingüística. Conversaciones
grabadas en cinta o realizadas en la radio no sólo revelan
el predominio de expresiones callejeras, sino sobre todo la incapacidad
de describir gráficamente un estado de cosas. Se repiten las
muletillas y los clisés, frases estereotipadas,
etc.
Como
dice el investigador brasileño Milton Santos, hoy se asiste
al triunfo de la presentación sobre la
significación. En semejante mundo no hay interlocutores
propiamente dichos, no hay diálogo, puesto que la
comunicación unilateral emplea un habla funcional. "La
mediación interesada de los medios conduce a la
"doutorizaçao" del lenguaje, necesaria para aumentar su
credibilidad, y a la falsedad del discurso, destinado a ensombrecer el
entendimiento".
Una lengua que sólo se emplea como
señal, como signo al servicio de la información y
"comunicación" y se sirve para ello de un vocabulario seco
pierde una de las dimensiones de lo humano, a saber: la que va
más allá de la mera necesidad y de lo
útil. Pérdida de las imágenes
significa pérdida de transcendencia Los niños a
los que se les priva de la fuente para soñar, a los que
nunca se les permitió dar rienda suelta a la
fantasía, y sólo se abren a ella cuando ven
ascender su propio mundo interior de imágenes, esos
niños sólo pueden inventar juegos que son una
conversión directa del acontecer violento del que son
testigos cotidianos en la pantalla del televisor. Con el
ceño fruncido dan vueltas al patio en cualquier
vehículo, acompañados del ruido de motores y
sirenas, o acechan, con la pistola-ametralladora colgada de las
caderas, a cualquier enemigo. La televisión fascina porque,
además produce el efecto añadido de gnerar la
ilusión de que se ve a distancia, cuando, en realidad, es al
contrario, desde la distancia se envían las
imágenes y los sonidos.
La expresión frecuente
"Es verdad, lo he visto en la tele" ilustra esta ilusión. Y
eso, hasta el punto de confundir deseo con realidad,
representación con cosa representada, hasta considerar que
si las cosas no son como en la tele o en el cine no son bonitas. Ya lo
advertía Albert Camus cuando reconocía el temor
que le producían las imágenes. "Son entidades
incontrolables" - sostenía - "que con frecuencia producen
asociaciones que el autor no autorizó. Los conceptos, al
contrario, son pájaros enjaulados, mientras que las
imágenes son pájaros en vuelo. De ahí
su fascinación y peligro."
Desde el punto de vista cognitivo, la diferencia la marca el consumo de
varios medios. Los ciudadanos bien informados son los que,
además de ver la televisión y oír la
radio, también leen y, sobre todo, contrastan sus lecturas
con otra personas en la conversación carta a cara, las que
practican la comunicación primaria, el diálogo
enriquecedor. Es aquí donde se establece lo que se denomina
el knowledge gap, la brecha entre los pocos bien informados y los
muchos desinformados.
Como se sabe, cada medio tiene sus ventajas e
inconvenientes en función de su naturaleza. Así,
mientras la televisión es inmejorable para la
presentación, el estímulo de las emociones y el
entretenimiento, la lectura la supera con creces a la hora de asimilar
conocimientos. Entre otras razones, por que leer cuesta más
esfuerzo y siempre se puede repetir la lectura. El conocimiento, como
se sabe, es activo, hay que conquistarlo con el esfuerzo, mientras que
la televisión no exige ningún esfuerzo, es fugaz
y pasiva.
V
Como se apuntó al principio, no
sólo se les atribuye a los medios de comunicación
la tarea de informar, de difundir los conocimientos. También
se les responsabiliza de la formación de los ciudadanos, de
ampliar su voluntad democrática y su conciencia
crítica, diferenciadora. El cumplimiento de este noble
cometido se puede inferir de los contenidos, y en los medios
audiovisuales de su programación.
La estructura del programa viene determinada también por el
cometido que se le asigne, por los valores que deba transmitir.
Como el
consumo de televisión se efectúa en el tiempo
libre, analizando el programa se pueden sacar conclusiones acerca de lo
que los programadores piensan del tiempo libre de sus conciudadanos.9
Así, puede verse si los programas de TVE cumplen o no los
cometidos que les asigna el Estatuto de Radiotelevisión,
qué hora del día se dedica para la
educación cultural y artística, qué
otra para el entretenimiento, cuál para la
formación de voluntad democrática, etc. Por eso
hay qué preguntar al programa, como aconseja Pross,
qué comprensión del tiempo libre se oculta tras
su estructura.
Se rige la programación por
criterios de rentabilidad económica o también por
criterios de rentabilidad social?
Hasta qué
punto la estructura del programa no tiene más fin que
adecuar la fuerza de trabajo de los muchos para su
explotación por los pocos.?
Qué
posibilidades tienen los receptores de recurrir a otras redes con otros
contenidos en horas que no sean las del sueño restaurador?
Cómo trata la estructura del programa
a sus
receptores potenciales, esto es, qué imagen tiene de
ellos? Qué valores debe difundir la TV?
La respuesta a cada una de estas y otras muchas
preguntas que pueden
hacerse a la estructura del programa lleva a la relación de
la comunicación social en general, y de la audiovisual en
particular, con la responsabilidad política de los
medios.
Cuando se habla de responsabilidades
políticas se suele
pensar en los productos (programas) de la radiotelevisión
pública, o de titularidad estatal, autonómica o
local. Pero a la hora de aplicar criterios de rentabilidad social
deberían incluirse también las emisoras y canales
privados y comerciales.
El lucro no puede hacerse a costa de la salud
ni de la ignorancia de los ciudadanos. El análisis
estadístico de la TV revela efectivamente que existe un
predominio evidente del entretenimiento, las películas,
deportes, concursos, etc., frente a los informativos. La radio es
primero un instrumento musical y en segundo lugar "palabra". Se trata
de una realidad sobre cuyas implicaciones ha callado la ciencia hasta
ahora, puesto que aún no se han investigado de manera
suficiente la influencia conjunta de los diferentes simbolismos del
discurso hablado, la música y la presentación
visual. Por lo que respecta a la música, la
mayoría de la misma procede de conservas, esto es, reproduce
lo que no necesita la periodicidad de la radio, puesto que es accesible
a través de los medios no periódicos como el
disco y la casete, por ejemplo.
Y para oír discos o casetes
no se necesitan instalaciones tan caras como las emisoras. La realidad
del programa de la radio desea mucho que desear, si es que se cuenta
entre los medios periódicos que, gracias a su
tecnología, transmiten el movimiento cultural en su devenir,
"en directo", "en vivo", en el lugar, y no sus conservas
mercantilizadas. Otro tanto puede decirse de la televisión.
La unicidad de estos medios radica en su simultaneidad potencial con el
acontecer, con la comunicación primaria. Si la abandonan en
beneficio del material almacenado habrá que pensar
cuánto van a tardar en resultar superfluos.
Según el modelo de la democracia basada en los derechos
humanos, las funciones de soberanía se delegan, el pueblo no
abdica de ellas durante los períodos legislativos.
Hay que
tomarlo en serio y no sólo respetarlo como los
políticos que mediante las encuestas pagadas procuran
averiguar las oscilaciones y tendencias, y si les son desfavorables
intentan establecer también tendencias con la
publicación de las encuestas. Los resultados vuelven al
ciudadano a través de la prensa, la radio y la TV. El
círculo de la opinión no encuentra salida. El
ciudadano puede leer o no los resultados de las opiniones de un "perfil
representativo" de la población, dejarlos a un lado y
volverlos a leer.
En la televisión aparecen visualmente
en
su ambiente familiar. El efecto ritualizador del medio se refuerza como
algo que forma parte de la cotidianeidad privada, que se orienta en el
tiempo libre por el programa televisivo. Sólo el
crítico ve claramente que no es la democracia la que se
representa a sí misma aquí, sino la
representación . No hay en ello nada
antidemocrático, como en la glorificación de la
violencia contra los más débiles, en tanto en
cuanto se suponga que la confrontación de las opiniones es
la que elabora esa superrepresentación.
La mayor parte de lo
que los ciudadanos ven en la información televisiva acerca
de su Estado es protocolo: El presidente del Gobierno aparece en la
escalinata y saluda con la mano. Un ministro o todo el gabinete
desaparecen tras la puerta de la sala de reuniones o se sientan
alrededor de la mesa para tomar decisiones importantes. El
telespectador ve que siempre es importante lo que hacen los ministros.
Un jefe de
Estado viene en visita oficial. Saludos desde la
puerta del
avión, desciende de izquierda a derecha, lo que se
corresponde con la iconografía cristiana, se estrechan las
manos, besos y abrazos fraternales, niño o niña
que alarga un ramo de flores, unos acordes de los respectivos himnos
nacionales, etc. No es otra cosa que reproducción
electrónica de antropología banal en dos minutos.
La coacción de la actualidad lleva necesariamente a la
oferta breve. La orientación y el ángulo de la
cámara que permiten abarcar grandes superficies
sólo se utilizan a menudo para obtener el primer plano que
emocionaliza. El accionismo es, por tanto, el tercer elemento de la
información diaria.
Finalmente están los rituales
del calendario, las fiestas religiosas, ferias, folclore, carnaval, la
copa del Rey o los campeonatos mundiales, y los rituales de la
democracia, los periodos electorales.10 La comunicación
audiovisual actual, sobre todo la televisiva, sólo suele
cruzar el umbral representativo en casos de catástrofes y
atentados, cuando la naturaleza o antinaturaleza del ser humano viola
las leyes sociales. Tiene que ocurrir algo para que llegue la
televisión. Lo habitual es la paz con sus dificultades, lo
extraordinario es la explosión. Pero con la
acumulación de lo extraordinario en el programa se invierte
la relación. Lo extraordinario, la acción y la
explosión se convierten para el receptor que está
en casa en lo ordinario, lo habitual.
El "mundo" sólo parece
consistir en actos de violencia y en puro accionismo. La
información transmite la validez mundial de la violencia.
Frente a ella nada vale una vida humana. Lo que importa es que alguien
pierde la postura erecta, la vertical, y termina en la horizontal.
Validez no es efecto, pero sólo puede influir la imagen
válida, no la quizás más correcta y
éticamente deseable. Lo que carece de validez se queda en el
ámbito de la indiferencia. Por eso, cuando la vida humana no
vale nada ante la violencia es de suponer que al telespectador le
resulta indiferente. Lo único que tiene validez en la
programación actual es el simbolismo fálico de
las pistolas y la moral de bandido de la persona con éxito,
capaz de andar sobre cadáveres con tal de alcanzar su meta.
Pero esto no concuerda ni con el monopolio de la violencia estatal ni
con el postulado democrático de libertad, igualdad y
fraternidad.
Traspasar el umbral representativo, abandonar los
estereotipos e investigar la vida cotidiana, equivaldría,
pues, a llamar a las cosas por su nombre, denominar pose a lo que es
una pose, y ayudar a los seres humanos a que se expresen en libertad.
El compromiso práctico no es más que un aspecto.
Preguntar por la índole del programa significa indagar las
causas sociales. La proyección de futuro, la promesa, la
utopía, une el compromiso práctico, el status
quo, con la teoría. La proyección reduce a un
denominador común las expectativas subjetivas.
Un futuro
para el que valga la pena vivir, o ante el que el individuo tenga la
impresión de que es mejor cerrar los ojos y salvarse en el
pasado. El individuo se debate entre la resignación y la
esperanza. Pero la unión entre expectativas subjetivas y
compromiso práctico es también causa de nuevas
crisis. Los factores materiales sólo pueden separarse de los
ideales en la teoría, pues en la práctica, los
medios para satisfacer las necesidades materiales sirven
también para la proyección ideal, con la que se
valoran los logros materiales.
Como dice Harry Pross, la
utopía programática de la
radiodifusión en la democracia es un vehículo de
la proyección ideal. Une las expectativas subjetivas con las
ideas generales. Por eso, la programación
democrática debería evitar reproducir lo que ya
tiene validez. Debería buscar su material en el compromiso
empírico de la comunicación primaria: producir,
en vez de reproducir. Indagar las expectativas subjetivas, en lugar de
confirmar las ideas generales. Descubrir causas, en vez de repetir
justificaciones. Investigar las ventajas de la paz, en lugar de aceptar
las desventajas de la guerra.
VI
Lo mismo que se aprende en la escuela a leer y
escribir, a interpretar textos, etc., también hay que
aprender el trato con los medios audiovisuales y cómo leer
los periódicos. La pedagogía de los medios, el
entrenamiento activo y pasivo, son las premisas para que el ciudadano
autónomo pueda componerse él mismo su programa, y
también para que la calidad siga teniendo adeptos en el
futuro. Dada la omnipresencia de los medios de comunicación
en la vida cotidiana (los españoles están por
termino medio 3 horas y 41 minutos ante la pantalla del televisor y el
65% de ellos tiene como única fuente de
información medial la TV), se comprenderá la
pertinencia de analizar la relación entre medios y
enseñanza. Es sorprendente, sin embargo, que apenas se les
haya prestado atención en la investigación
medial.
Así, el estudio de los medios en la
escuela
capacitaría a los niños, y también a
los adultos, para desenvolverse de un modo competente con ellos. En
última instancia, el objetivo de la enseñanza de
los medios estriba en facultar a los usuarios de los medios para
utilizar sus posibilidades de expresión y
articulación de sus propios intereses y motivarlos para que
participen de un modo consciente en el proceso de intercambio y
verificación de los conocimientos.11
Los paradigmas pedagógicos clásicos
(relación maestro-discípulo, triángulo
didáctico, obediencia-disciplina, eros
pedagógico, etc.) ya no bastan para aprehender la realidad
social desde la perspectiva de una ciencia de la educación.
Al surgir nuevas formas de realidad social ha
cambiado la sociedad y,
por ende, los individuos. Y si no se quiere incurrir en un idealismo
estéril hay que incluir en el análisis de la
realidad los nuevos aspectos del cambio sociocultural. La
enseñanza de los medios se encuentra a caballo entre la
pedagogía y la ciencia de la comunicación. El
empleo pedagógico de los medios es bastante viejo. Lo nuevo
es el estudio científico de estos fenómenos. Los
esfuerzos por incluir los medios de comunicación en la
enseñanza se remontan hasta antes de la I Guerra Mundial.
Por entonces ya hubo algunos pedagogos que pretendieron aprovechar el
cine para la escuela. Sin embargo, no pasaron de algunos ensayos
esporádicos. Esta reticencia en el empleo de los medios tal
vez se debiera al escepticismo frente a los efectos de los denominados
"medios de masas".
Pero también había una base
objetiva: no era necesario desde el punto de vista económico
ni pedagógico. Las técnicas de
enseñanza tradicionales bastaban para cubrir las necesidades
y los contenidos que había que transmitir. La
situación cambió radicalmente con la
generalización de las TIC, vídeo, Internet,
multimedios. Las fuertes inversiones dieron lugar a toda una industria,
conocida generalmente con la abreviatura de educom.12 Se
llegó así al problema de la
racionalización, es decir, a la relación
coste-provecho. La reflexión crítica de las TIC
aplicadas a la educación a llevado a la idea de que la
tecnología educativa no puede reducirse al marco de la
escuela. Más bien es al contrario, forma parte de la
educación de todos.
Las técnicas,
métodos y experiencias deben aplicarse también en
el terreno de la educación permanente y en los medios de
comunicación. Pero, por el momento, los medios no pueden
cumplir esta tarea educativa, puesto que están demasiado
integrados en el sistema político y, por consiguiente, el
objetivo de elevar el nivel educativo de los ciudadanos está
subordinado a los intereses de los grupos políticos.
VII
Frente a la comunicación reversible,
dialógica, entre maestro y discípulo, los medios
de comunicación no permiten el diálogo
verificador del conocimiento, base de la educación para
Paulo Freire. El comportamiento social es el resultado de un proceso de
aprendizaje que, en gran parte, se efectúa mediante "prueba
y error". La comunicación sin retorno, irreversible, no
ofrece ninguna posibilidad de este tipo. Otra gran parte del
comportamiento social humano se aprende a través de la
observación y la imitación. Hacen los
niños lo que ven?
Las características de los
medios audiovisuales inducen a aceptar como realidad lo que presentan,
a creer que la vida es como aparece en la pantalla.14 La
comunicación lineal, individualizadora, puede describir el
proceso de transmisión de saberes como noticias, pero no la
generalización de factores cognitivos, ni explicar la
constitución de la conciencia social. Los aparatos de
comunicación realizan la mediación del
saber.
La
vivencia, la experiencia del acontecer vivido a través de la
televisión, mediante la sucesión ininterrumpida
de imágenes y comentarios, no tiene nada que ver con la que
el telespectador hace en realidad. A pesar de esto, la vivencia
televisiva aparece como auténtica, objetiva. Se objetiva
así la opinión subjetiva de los periodistas. De
ahí que la apariencia alienada de la objetividad social del
saber distribuido por los medios de comunicación parezca
confirmar la crítica que con frecuencia se hace a esos
medios de que ese saber se puede manipular a discreción,
así como de la apatía de los individuos.
La
comercialización del saber y las formas de
difusión (y acceso) del conocimiento socializan un bien
cultural, pero dejan intactas las cuestiones relativas a la
sabiduría. Como dice el Colectivo NTC, la sociedad de la
información "produce sistemáticamente
especialistas, operadores y programadores, pero se interpone en el
proceso de adquisición de la sabiduría". La
sagesse se queda fuera, así como el proceso de conocimiento
y saber que se adquiere con el tiempo y la vivencia, proceso
constituido por la acción y experiencia, la
observación, la concurrencia de circunstancias
históricas, la lectura etc.
La sabiduría es
así una conquista larga y continua, no un don ni algo que se
compra. Es un proceso eminentemente humano, inasequible para la
máquina, pues está hecha para la rapidez en la
ejecución de las operaciones. El "mirar sabio" de la
naturaleza, la cultura, las sociedades, estaría
más allá del campo de acción de los
equipos electrónicos.
La reflexión está reñida con la
fugacidad. La conquista del conocimiento y su verificación
necesitan tiempo.La obsesión por la velocidad ha llevado al
descubrimiento de la lentitud.
Tanta microtecnología, medida
en nanómetros, y tanta velocidad de procesamiento, medida en
nanosegundos, escapan ya a la percepción humana y, por
consiguiente, a la conciencia. Se empieza a redescubrir el valor de la
lentitud y a reivindicar su aprendizaje. Así, por ejemplo,
el escritor alemán G. Grass susribe el apredizaje de la
lentitud como contraste al principio dominante de la
aceleración. Propone introducir em todas las escuelas um
curso a este respecto. La lentitud sería um criterio de
productividad, una especie de marcha, que correría em contra
del tiempo. Sería el aplazamiento consciente, el freno de la
velocidad hasta el reposo, el aprendizaje del ocio, la productividad
del ocio, como dirá Paul Lafargue.
Nada sería más útil em la
inundación actual de informaciones que una
introducción a la reflexión sin ruidos, sin la
rápida sucesión de imágenes, sin
accionismo, y zambullirse e la aventura del silencio, e donde
sólo pueden vivirse los propios ruuidos internos. Se trata,
claro está, de una propuesta para la que no hay tiempo de
llevarla a cabo.
Pero G. Grass ruega que se tome en serio, y se
hace
estas preguntas:
"Quién va aensenar y aprender em el futuro acerca de lo no
provechoso, de lo no rentable económicamente?
Queremos la aceleración constante, la
continua
pérdida de sentido, el abandono de la inmediatez, multa em
vez de multum?
Queremos la retificación digital
com más y más desconocidos en vezde la
vinculación y la discusión com quienes nos
importan y a quienes importamos?
Queremos la
desaparición de la atención en el gran ruido y en
la ofuscación?
Quereemos el aumento de la
"apariencia", el desplazamiento de la realidad experimentable por lo
"virtual", de lo precioso y duradero por lo desechable y
fugaz?"
Com estas preguntas no sólo se
denuncianlos nuevos medios,
sino también la abulia, el orgullo de aprendiz de brujo, el
oportunismo y la capacidad para educar en él.
En su novela Abaddón el exterminador Ernesto
Sábato sostiene también que "no vale la pena
hacer sangrientas revoluciones para que un día las casas se
llene de chirimbolos inútiles y de chicos idiotizados por la
televisión". Aunque parezca una afirmación
exagerada, no hay que perder de vista las ventajas de la
comunicación primaria, del diálogo.
El
intercambio y contraste directo de opiniones es el complemento
necesario de la comunicació nmedial. Cuando se dialoga u
duscute, uno descubre que hay otros que también piensan como
él. Este descubrimiento de lo que se tiene en
común refuerza la confianza en sí mismo.
La
experiencia de la solidaridad desencadena acciones. Y las acciones
llevan, a su vez, a nuevas discusiones. Es por eso que se requiere una
ecología de la comunicación18, el equilibrio y la
complementariedad de los diferentes medios de comunicación
con los medios primarios del ser humano. La comunicación
audiovisual de los medios de masas apela únicamente a dos
sentidos, la vista y el oído. Pero el ser humano tiene otros
tres para percibir y conocer el mundo. Renunciar a ellos
sería una mutilización de su naturaleza.
Vicente
Romano é Doutor em Comunicação pela Universidade de Münster, Alemanha, e em Ciências da
Informação pela Universidade Complutense de Madrid. Depois de nove anos de
docência Universitária nos Estados Unidos, lecionou durante 16 anos na
Universidade Complutense. Foi
catedrático de comunicação áudio-visual na Universidade de Sevilha, Espanha.
Traduziu Marx, Kant, Schopenhauer e Pross para o espanhol. Publicou inúmeros
livros, entre eles Los intermediarios de la cultura (1977), La formación de la
mentalidad sumissa (1993), Desarollo y Progreso (1993), El tiempo y el espacio
em la comunicación (1998), Ecologia de la comunicación (2004).
Bibliografia
Childe, V. Gordon: Sociedad y
conocimiento Buenos Aires 1958, p. 55.
Ibidem: p. 10 y 13
McBride, Sean y otros: Un solo mundo,
voces múltiples. México /Unesco,
París 1980, p. 37.
Cf., entre otros libros del mismo autor, McLuhan,
Marshall: Understanding Media. The Extensions of Man.
New York 1964.
Cf. Colectivo NTC: Pensar pulsar.
Cultura comunicacional, tecnologias, velocidade. Sao Paulo,
1996.
Cf. Yoro, Amanda: El negocio de la
mentira. Madrid, 2002.
Cf. Santos, Milton: Técnica,
espaço, tempo, Globalizaçao e meio
técnico-cientifico-informacional. Ed. Hucitec,
Sao Paulo 1996., p. 22.
Para las ventajas de la lectura de prensa y el
knowledge gap véase Enric Saperas: Los efectos
cognitivos de la comunicación de masas.
Barcelona, 1987
Cf. Pross, Harry: La violencia de los
símbolos sociales. Barcelona, 1983
Cf. Romano, Vicente: El tiempo y el
espacio en la comunicación. La razón pervertida.
Hondarribia (Guipúzcoa) 1999.
Cf. Romano, Vicente: La
formación de la mentalidad sumisa. 2ª
edición, Madrid 1998.
Cf. Romano, V.: "Pros y contras de la
e-educación" Revista de Educación,
número extraordinario de 2001, pp. 211-217.
Cf. Romano, V.: Introducción
al periodismo. Información y conciencia,
Barcelona 1984, especialmente el capítulo XIV.
Cf. Siegel, Alberta Engvall: "The
effects of media viuolence on social learning ". en Schramm,
W.. y Roberts D. F. : The Process and Effects of Mass
Communincation, Urbana, Illinois, 1971, pp. 612-636.
Cf. Dröge, Franz: Wissen ohne
Bewusstsein. Frankfurt a. M. 1971.. Sobre la verdad de los
medios pueden leerse también los libros de Michel Collon
¡Ojo con los media! (2001) y El juego de la mentira (2002),
así como el de Emrique Gil Calvo, Javier Ortiz y Manuelk
Revuelta Repensar la prensa, Madrid 2002
Colectivo NTC: l. C. , p. 395 y ss
Cf. Pross, Harry y Romano, Vicente:
Atrapados en la red mediática.
Orientación en la diversidad, Hondarribia
(Guipúzcoa) 2000, pp.25-26.
Cf- Romano, Vicente: Ecología
de la comunicación. Hondarribia
(Guipúzcoa) 2003.
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